Lu-To o de las evasiones y los vacíos

Por: Iván Rodríguez.

 

Estrenada el pasado 24 de abril en la Cineteca Nacional, Lu-To es la Ópera Prima de la directora Katina Medina Mora. Los actores, Patricia Garza y Juan Pablo Campa dan vida a Luisa y Tomás, un par de jóvenes que sienten cómo el amor nace precipitadamente entre ellos. Pero esa ilusión irá poco a poco desapareciendo, dando paso a la fría realidad.

El tema principal de Lu-To es la evasión. El vínculo amoroso entre Luisa y Tomás se da en un periodo muy corto de tiempo, como si ambos estuvieran ansiosos de huir de sus propias realidades, buscando un descanso a sus rutinas en la otra persona. La relación se da precipitadamente, por un impulso más que por decisiones razonadas. Hay una escena donde Luisa le confiesa a Tomás que desde que lo vio estaba segura de que se casaría con él. El principio de su romance refleja casi desesperación.

Con el tiempo, la relación empieza a presentar fracturas. Todas esas cosas que no se dijeron, la negativa de ambos por conocer al otro empieza a mermar el amor que se profesaban. Los celos de Tomás emergen de repente y lastiman constantemente a Luisa, quien para defenderse recurre a ocultar aspectos de su vida, lo cual enfurece más a Tomás. Así las indirectas, las mentiras y las palabras hirientes se van convirtiendo también en su rutina, se normaliza el dolor.

Cuando las cosas han alcanzado un punto límite, ambos recurren a otras evasiones, a distintas actividades que puedan distraerlos de hacerse daño el uno al otro. Evitan estar juntos por miedo a lastimarse; Tomás se refugia en una novela que parece inacabable, mientras que Luisa prácticamente vive en su trabajo. Los vacíos parecen cada vez más grandes y Luisa intenta llenarlos, fumando o bebiendo.

A lo largo de este periodo, ambos se niegan a hablar. Los canales de comunicación están completamente rotos. Luisa insiste en diversos puntos del filme sobre la necesidad de aclarar todo, pero siempre algo los interrumpe. Son incapaces de afrontar la verdad, su relación no funciona y tratar de mantenerla los está desgastando en demasía. Aún en momentos álgidos, su falta de comunicación les impide ponerse de acuerdo o dialogar sus problemas.

Uno de los aspectos más interesantes de la película es su estructura narrativa. La película inicia con una discusión acerca de una fiesta. Luisa está ansiosa por ir, mientras que Tomás se niega hasta que Laura le recuerda que es el festejo de su cumpleaños. A lo largo de la película, las escenas de la fiesta se intercalan con la narración de su relación, sirviendo como contraste o espejo conforme avanza el filme.

Hay otro tipo de escenas que en ocasiones se intercalan, las escenas luminosas del inicio de su idilio. Estas últimas tienen la peculiaridad de ser muy luminosas, con colores brillantes y fondos desenfocados, lo cual les da un aire de ensoñación. Más adelante me detendré en esas escenas.

Ahora me gustaría tratar una de las secuencias clave, que justamente ocurre durante la fiesta. En un momento dado, luego de una de sus constantes discusiones, Tomás ve a través de una ventana a Luisa bailando afuera, sola. Así que decide salir también y bailar con ella. Ambos se abrazan, y mientras la música suave los envuelve, parecen comunicarse. Sin hablar, los rencores desaparecen y las palabras hirientes se perdonan. Ambos disfrutan esa breve tregua, sabiendo que no se perpetuará más allá de la siguiente pieza. Pero la disfrutan de verdad. Vuelven al lugar donde ambos se sienten cómodos y se inyectan otra dosis de espacio, de aire, de eso-muy-semejante-al-amor que los ayuda a continuar. A no sentirse solos en pareja. La magia termina, efectivamente, al concluir la pieza y de nuevo los reproches y los celos se hacen presentes.

A esas alturas de su historia, ya no pueden detenerse. Sus propios temores no los dejan mirar hacia otros lados. A pesar de que ambos se hacen daño, tienen miedo, no pueden afrontar la idea de empezar de nuevo. Y es que es aterrador pensar que todo ese tiempo se perdió. Fue desperdiciado inútilmente y hay que partir de cero, recuperar amistades, volver a salir con otras personas.

Añadir el dolor de la separación, la carencia de algo que, aunque dañino, se había vuelto parte del día a día. Y el miedo de jamás hallar a alguien igual. El nudo de la relación entre Tomás y Luisa es justamente la dificultad de abandonar el espacio seguro que han construido.

Volveré ahora a las escenas idílicas, que regresan justamente en momentos delicados de la película, cuando ha habido una pelea muy fuerte o un conflicto que parece irresoluble. Estas escenas son lo otro que los detiene. La directora las pone ahí a propósito, pues reemplazan el dialogo. Son recuerdos. Los recuerdos que los atan, que no les permiten afrontar las graves fracturas de su relación. Cada vez que la idea de la separación se hace más fuerte, los recuerdos vuelven. Ese viaje a un pequeño pueblo y el amor que se profesaban a la orilla del lago les ayuda a poder mirarse de nuevo a la cara después de los gritos, los insultos y el llanto. Entonces la vida en pareja se convierte en una montaña rusa.

Así pues, la opera prima de Katina Medina Mora no es sólo una obra muy personal, también es el reflejo de la forma en que las relaciones modernas se desenvuelven. Es un relato que penetra en las fibras más dolorosas de todos nosotros, los hijos de la contemporaneidad, nosotros que hemos pasado por esas relaciones que nacen casi al instante, que no podemos perder ni un sólo minuto, que no nos damos tiempo de detenernos y reflexionar, que le tememos al dialogo, a la confrontación. Nosotros los temerosos a la soledad.

Dirección:Katina Medina Mrora

Producción:Erwin Jaquez, Katina Medina Mora

Guión:Katina Medina Mora

Fotografía:Erwin Jaquez

Edición:Santiago Paredes

Música:Andrés Almeida

Dirección de arte:Claudio Castelli

Compañías Productoras:Bh5/ Detalle Films/ Birdpeople

Reparto:

Patricia Garza y Juan Pablo Campa

Exhibiéndose en Cine Tonalá, Tonalá No. 261, Col. Roma Sur

  • No se han encontrado comentarios