“Dos disparos” o los peligros de la carencia de importancia.

Por Iván Rodríguez

A mi amigo Víctor González, pues sin la discusión posterior a la película, no habría existido esta reseña.

Dos disparos; el nuevo largometraje del argentino Martín Rejtman, estrenado en la Cineteca Nacional la semana pasada, es una de esas obras que aparentan ser mucho menos de lo que verdaderamente son. El filme inicia con Mariano, un adolescente común y corriente que tras llegar a su casa, obedece a una rutina que incluye algunos largos en la piscina y podar el césped. Hasta que encuentra una pistola y, con la misma parsimonia, se dispara dos veces. 

El eje principal de la película es precisamente la nula importancia que tienen las cosas. La primera secuencia puede ser algo impresionante, pero con el transcurrir del filme, el espectador se siente invadido por la sensación de normalidad. La familia de Mariano regresa a su habitual rutina después de que este salga del hospital, ya que ha logrado conservar la vida.

El protagonista expresa en varias ocasiones que no se disparó por depresión o ansiedad, sino que simplemente lo hizo  “porque hacía mucho calor”. Lo hizo porque no importaba mucho, porque en una vida carente de significado, da igual matarse que ver la televisión hasta las tres de la tarde.

        Muchas veces, a lo largo de la narración es fácil introducir la partícula “no importa”. El hermano de Mariano, Ezequiel, establece una relación con una chica, Ana, que conoce en un establecimiento de comida rápida. La chica recuerda a Ezequiel, pero éste no consigue recordarla, pues para él el encuentro fue muy poco importante. Ana lleva a Ezequiel a casa de su prima, donde asegura haberlo conocido. Sorprende la impasibilidad de ambas cuando Ezequiel menciona que su hermano se disparó dos veces, como si fuera normal que los chicos se dispararan en una mañana calurosa de verano. Ezequiel y Ana inician una relación a pesar de que la chica “está rompiendo con su novio”. Ambas relaciones, la de su exnovio y la de Ezequiel, son irrelevantes en la vida de Ana.

        El tema de las relaciones gira en torno al mismo nihilismo. Además de la relación entre Ezequiel y Ana, la prima de Ana contacta a un chico por internet. Este chico pasa una noche con la hermana y el exnovio de Ana, en un peculiar trío. Cuando el chico se va, el exnovio le pregunta a la prima de Ana si lo volverá a ver, a lo que esta responde que probablemente no. Porque no importa, los vínculos sentimentales se han reducido a citas ocasionales sin ningún significado.

        La cinta poco a poco deriva de la trama principal a otras alternativas; la historia de Lucía, una chica que Mariano contacta por internet cuando él y su hermano viajan a la costa, y que regresa con ellos a Buenos Aires, donde inicia una nueva vida desde cero; la historia de la madre de Mariano, mujer sumamente ocupada y parca al hablar o expresar sentimientos, que debido a una crisis de ansiedad, decide (o se ve obligada) a iniciar un viaje a la costa; incluso se narra la historia de una mujer que viaja con la madre de Mariano, y cuya vida en todo sentido es un desastre.

Finalmente, la narración llega al absurdo de mostrarnos unos minutos de la vida de otra familia, cuya única conexión con la trama original es un perro idéntico al que desapreció cuando Mariano se disparó.

Resulta desconcertante este trayecto, pues no parece existir una razón argumental para dichos cambios. La solución al enigma obedece a la misma lógica interna de la película, los cambios ocurren porque nada importa realmente, porque los personajes y sus vidas, sus problemas aparecen y desaparecen como aparecen y desaparecen las personas en nuestras vidas.

        El filme puede resultar confuso y tedioso para un público no acostumbrado a este tipo de reflexiones implícitas, pues se requiere un verdadero ejercicio de análisis interno y social, que en algunos puntos resulta aterrador.

¿Qué tan habituados estamos a que las cosas carezcan de importancia? ¿Qué tan inmersos estamos en la posmodernidad que podemos sobrellevar sin ningún problema la falta de vínculos reales y la desaparición absoluta de personas que eran importantes para nosotros? ¿Qué tan cerca está cada uno de nosotros  de meterse un tiro porque hacerlo sería más interesante que mirar la tele hasta las tres de la tarde?

Incluso se puede rechazar la reflexión, simplemente dejarse llevar, elegir esta película y verla porque es eso o tomarse un café en la plaza más cercana. Porque de todos modos, no importa.       

Dirección: Martín Rejtman

Producción: Violeta Bava, Rosa Martínez Rivero, Bruno Bettati, Christoph Friedel, Jan van der Zanden.

Guión: Martín Rejtman

F en C.: Lucio Bonelli

Edición: Martín Mainoli.

Música:  Diego Vainer.

Distribuidora: Interior 13

Reparto:

Rafael Federman (Mariano), Manuela Martelli (Lucía), Benjamín Coehlo (Ezequiel), Laura Paredes (Margarita), Susana Pampín (Susana), Camila Fabbri (Ana), Daniela Pal (Liliana).

Exhibiéndose en la Cineteca Nacional, La casa del Cine y Cine Tonalá.

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