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Segunda parte: Las proyecciones

Como preludio al documental Made in Bangkok, se proyectó un cortometraje llamado Matabichos, con Gabriel Santoyo de protagonista. Me atrevo a decir que lo único rescatable del corto es precisamente Gabriel Santoyo, actor muy joven que sorprendió con su participación en el largometraje Cuatro Lunas. Durante el festival se exhibirá Las lágrimas otra película donde actúa. En Matabichos interpreta a un niño víctima del bullying, que resuelve de una manera peculiar el dilema de la violencia escolar.

El mensaje es difícil de asimilar, por un lado entiendo que quizá el corto fue pensado para exhibirse frente a una audiencia adulta, en muchos casos víctima del bullying; y que la resolución fue una liberación, un modo de catarsis para todos esos años de abusos; pero por otro lado, no creo que la violencia se resuelva con más violencia, y si este tipo de mensaje llega a las actuales víctimas de bullying, puede resultar contraproducente.

Foto: facebbok.com/pages/MIX-Mexico-Festival-de-cine-y-video

Lo siguiente fue el extraordinario documental Made in Bangkok, opera prima de Flavio Florencio, donde seguimos los avatares de Morgana, una chica transgénero que viaja a Bangkok, pues fue seleccionada para un concurso de belleza, cuyo premio (10, 000 dólares) planea destinar para realizarse una cirugía de reasignación de sexo.

Más allá de su belleza, la voz de Morgana es extraordinaria, capaz de interpretar arias de ópera de forma excepcional (el propio director nos dice al inicio del documental que él conoció a Morgana en un bar mientras ella cantaba fragmentos de óperas alemanas), sin embargo la canción elegida para el show de talentos fue “Bésame mucho”, que parecía tener un significado especial tanto a nivel personal como a nivel de representación de la mexicanidad.

Foto: facebook.com/pages/MIX-Mexico-Festival-de-cine-y-video

El aspecto de la mexicanidad se ve reflejado a través del documental en varios momentos, uno de los cuales es precisamente la defensa de la dicha canción, que los tailandeses se empeñan en mezclar con electrónica, para hacerla más llamativa al público espectador, pero que Morgana se niega a modificar justamente por el peso que tiene para los mexicanos. Más adelante podemos ver el vestido que usa Morgana para la gala, que combina de manera perfecta motivos orientales en un vestido muy sobrio, estilo porfiriano, una clara alusión a la catrina de Posadas.

            Pero la parte medular del documental es definitivamente la relación de un transexual con su familia. Hay una parte en específico donde tiene una plática con la representante de Venezuela, en donde ambas platican sobre sus respectivas situaciones familiares; Morgana nos revela que su padre no acepta su cambio de sexo, mientras que su madre lo sabe, pero prefiere no hablar de ello. De hecho, ninguno de sus familiares sabe que en Bangkok ella planea hacerse la cirugía de reasignación de sexo. Incluso cuando visita a sus padres, debe hacerlo disfrazado de hombre. Ella sabe que para sus padres es un proceso difícil y está dispuesta a ir a paso lento para que ellos puedan asimilarlo de la mejor manera. Aun así, el director del documental se permite algunas reflexiones acerca de la injusticia que viven los y las personas trans en este sistema opresivo.

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