El sueño de 40 años

Por Vladimir Fernández Velázquez

¿Cómo es el mexicano? para el mundo quizás sea una persona que está dormida bajo un nopal. Un individuo que jamás trascenderá. Sin embargo, cuando el orgullo de su país está juego, independientemente de la disciplina en la que se encuentre, luchará hombro a hombro, mano a mano aunque la lógica presagie una derrota.

El mexicano es creyente, peleador, soñador y solidario. Creyente porque apuesta y desafía a la lógica aunque este todo en su contra. Peleador porque aguanta el último instante de una lucha, jamás se raja. Soñador porque siempre se ilusiona con trascender en la más mínima actividad, se quiere dar a conocer al mundo aunque eso le cueste 40 años. Solidario porque en México si gana uno ganan todos, se cobija en la bandera de la gloria y se coloca los laureles de victoria aunque no haya participado en el logro.

La misión es en casa. Gustavo Ayón, Jorge Gutiérrez, Francisco Cruz, Humberto Hernández y el resto de la selección mexicana tienen el cometido de conseguir el sueño de 40 años del baloncesto mexicano: volver a unos Juegos Olímpicos. Ilusión que durante el  torneo de la FIBA (Federación Internacional de Basquetbol) fue creciendo conforme a las victorias mexicanas, más cuando en la última jornada lograron remontar 12 puntos de desventaja contra Argentina. Rival que se vuelve a cruzar en su camino hacía Rio de Janeiro 2016 en un partido de vida o muerte.

Viva los héroes que nos dieron gloria en los Olímpicos

Han pasado diez competencias de verano sin ver el lábaro patrio en los partidos de basquetbol olímpicos. Ni los jugadores que han tenido la fortuna de estar en la NBA lograron el gran salto con el representativo mexicano. Tal fueron los casos de iconos nacionales como Eduardo Nájera y Horario Llamas a quienes se les nota su presencia en el Palacio de los Deportes previo al juego de baloncesto más importante para México en cuatro décadas.

El primer encuentro de basquetbol disputado en tierras mexicanas fue en el estado de Puebla. Sin embargo, Chihuahua es la llamada “cuna del basquetbol profesional” debido a que se creó a principios del siglo XX la primera liga profesional se originó en dicho estado.  A la postre se formaría la creación de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional (LNBP).

Chihuahua no sólo se caracterizó por el origen del torneo nacional, sino por ser formador de grandes basquetbolistas a lo largo de la historia y que han sido parte de los distintos representativos mexicanos en competencias internacionales. Ejemplos claros son Raúl Palma Cano y Rafael Palomar ex basquetbolistas nacionales que fueron de los jugadores que estuvieron en la última justa olímpica: Montreal 1976. 

Ahora Jorge Gutiérrez es el encargado de levantar el estandarte chihuahuense en el FIBA América 2015. Colocar su nombre en el torneo olímpico y ¿por qué no? ser el cuarto jugador de Chihuahua  en colocarse una medalla olímpica en el basquetbol. Logro que México consiguió en Berlín 1936 comandados por tres jugadores de dicho estado Francisco “Kiko” Martínez, Jesús Tuto Olmos y Greer Skousen. Tridente considerado como los mejores encestadores en la historia del baloncesto mexicano.

¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?

El deporte mexicano ha tenido escasos éxitos. Las pocas gotas de gloria, el mexicano las difunde a cada rincón del país y más allá de sus fronteras. “Estos atletas son de orgullo mexicano”, “Hecho en México” o “Producto nacional” son algunas frases que los paisanos utilizan para engrandecer a esos deportistas que por sus logros son casi condecorados como héroes nacionales.

El mexicano le tira a trascender, así sea la disciplina más desconocida del mundo, sea a nivel individual o en conjunto. Siempre hará su mayor esfuerzo para hacerse notar en la competencia, en las tribunas y en las calles. Todos los mexicanos se cobijan en la bandera de la gloria. En México todos ganan.

Sueña con ser la noticia que le dé la vuelta al mundo. Procura dejar un pedazo de su vida en la historia. Quiere ser recordado por la eternidad. Por eso asiste a eventos tan importantes a nivel mundial para después decir: “Yo vi el golazo de tijera de Negrete en el Azteca”, “yo vi como era campeón olímpico un mexicano”, “vi la pelea más épica de Julio César Chávez”, más entre muchas anécdotas deportivas. Ahora 19 mil mexicanos asisten al Palacio de los Deportes para que unos años pueda decir: “Yo vi a la selección de basquetbol calificar a unos Juegos Olímpicos 40 años después”.

América para los latinos

México tiene una cita con el destino, pero antes del juego cardíaco contra tercera mejor selección del mundo, Argentina; no hay nada más agradable que deleitarse con una botana. Venezuela vs Canadá es el platillo.

Es tradición de los latinoamericanos el apoyarse mutuamente cuando son enfrentamientos contra naciones ya sean de otro continente o contra Estados Unidos o Canadá. Más de 8 mil almas mexicanas quisieron seguir con esa tradición y calentaron el ambiente antes del posible encuentro histórico. Los canadienses son amplios favoritos, gracias al prácticamente equipo NBA comandados por jugadores como Joseph Cory, Nicholson Andrew, Ejim Melvin,  entre otros. Venezuela con garra y corazón se logró colar entre los mejores cuatro equipos del torneo.

En la cultura mexicana el ser creyentes es casi una religión. Cree que el país, tarde o temprano, va a mejorar política, económica y socialmente. Cree en los milagros de la Virgen de Guadalupe y de los santos. Una de las creencias más notables es la del débil ganándole al más fuerte, desafiando los sentidos de la lógica.

Los especialistas en basquetbol previo al partido no daban un centavo por los venezolanos. Sólo esas 8 mil personas en el recinto creen en los venezolanos. Los cobijan, los animan y les dan su fe como la tradición latina lo marca.

Encuentro cerrado provocado por los errores ofensivos y las virtudes defensivas. Fallaban tiros de larga distancia, eran constantes los rebotes, resbalones en el campo provocando anotaciones y disputas intensas por el balón a ras del suelo. Un sinfín de errores que lograban salir canas en la calvicie de Jay Triano y Néstor García entrenadores de Canadá y Venezuela respectivamente.

Esos errores permitieron un encuentro parejo que a falta de 24 segundos el marcador estaba empatado a 78 puntos. Venezuela con el balón. Entre los tanto pase lateral y los gritos de entusiasmo de los espectadores  se consumió gran parte de ese tiempo. Todo indica que va terminar en empate. Nadie se atrevía a meter esa canasta gloriosa. Faltaban tres segundos, quizás los más largos en la historia del basquetbol. Dos segundos se fueron en el recorte de Daniel Cárdenas a defensa de la hoja de maple y en su lanzamiento en el área que provocó la falta de último segundo. Los jueces determinaron que la falta se marcó a las 30 milésimas de acabar el juego. Cárdenas cobró los tiros libres que hicieron que las creencias mexicanas le ganaran a la lógica de los especialistas en este deporte.

¿Dormidos bajo el nopal?

En el mundo es la imagen que describen de la mejor forma al mexicano. Están dormidos bajo un nopal. Sin embargo, cuando el orgullo nacional está en juego el mexicano se levanta con todo y espinas en la espalda para pelear sin descanso hasta el final.

No cabe ni una aguja en el recinto. La tradición latina se rompe cuando es enfrentamiento entre ellos. Más cuando el rival en turno son los argentinos. De verde, blanco y rojo reciben los espectadores a sus 12 Guerreros que buscaran el sueño que se ha negado por  40 años.

La estrategia es clara: Que el aficionado ponga nerviosos a los argentinos y los jugadores se encargue de matarlos. La primera parte del juego así lo fue. Entre Jorge y Jorge Gutierrez, “El Titán” Ayón, Paul Stoll y Paco Cruz daban clases de tango a los escuadra albiceleste con pases de fantasía, clavadas al aire y tiros de tres puntos que por un momento lograron conseguir una distancia de 10 puntos.

Los argentinos nerviosos, ni su máximo figura NBA, Luis Scola, lograban encestar la especialidad de esta selección, los tiros de larga distancia. El sexto jugador se hizo notar en la duela. El fanático mexicano estaba haciendo su trabajo defensivo. Silbaban, insultaban y desconcentraban al extraño enemigo que profanaba el área mexicana con la esférica naranja. Se iban al primer tiempo, 35 – 40 en la pizarra a favor de los guerreros mexicanos.

Llora y no cantes

En los deportes, los mexicanos se caracterizan por cantar victorias antes de tiempo, no logra liquidar a sus adversarios para evitar cualquier tipo de reacción. Entona el Cielito lindo como un himno al triunfo. El partido anterior y la primera parte contra los argentinos hacían que se volviera a repetir la historia que jamás logra entender los mexicanos.

Se acabó el nerviosismo. El que se va a la Villa pierde su boleto. Así interpretaron los argentinos la segunda parte del partido. Salieron sordos para la segunda mitad. Nada los intimidaba, el ruido cerrado del Palacio de los Deportes le hacía lo que el viento a Juárez. En quince minutos volvieron a aprender lo que era hacer encestes de tres puntos. Los mexicanos no quería perder el pasó e intentaron seguir el tango sudamericano, cuando lo suyo era aventarse al rodeo, domar al toro y clavar dos puntos.

Fin del tercer cuarto, se fue la ventaja. La sensación de la derrota estaba latente. Más cuando el encuentro está emparejado a 62 puntos. Los mexicanos tenían que salir con valentía. Retomar sus clases de historias y recordar las victorias de Hidalgo, Morelos, Allende y de Guerrero pero en un partido de baloncesto.

El son de los argentinos no cesó en el último cuarto del partido, cada jugada pase lateral y tres puntos. Los guerreros aztecas quisieron bailar con la más fea del campo y siguieron el ritmo baile argentino, lo consiguieron en las primeras dos ocasiones. A partir del tercer intento los fanáticos no volvieron a aplaudir un enceste de su escuadra. Los albicelestes sólo se dedicaron a consumir el tiempo, empezar a escuchar el silencio del aficionado mexicano y ver el nacer de banderas entre la multitud tricolor.

Faltaban dos minutos y al ver el constante falló de los guerreros, algunos decidieron darle la espalda y volver a su nopal a dormir. Sólo los más valientes aguantaron, entre lágrimas y lamentos, hasta el final. Únicamente para aplaudir y despedir a 12 guerreros que hicieron renacer el cariño a un deporte que en México estaba prácticamente olvidado. Es despedida no significa un adiós al sueño olímpico.  El próximo años este grupo saltará a la duela en el repechaje mundial para renacer la ilusión del mexicano de volver a trascender en el basquetbol en una justa olímpica.


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