Diablos hasta el último out

Vladimir Pavel Fernández Velázquez

 

Novena entrada en el segundo juego entre los Diablos Rojos de México y los Olmecas de Tabasco en el Estadio Fray Nano. La pizarra va 3-2 a favor de la visita tabasqueña. La afición ‘roja´ despierta tras una bola elevada al jardín izquierdo de Cyle Hankerd, que significaron dos carreras que componen el camino de los locales. Emmanuel Ávila falla en su intento de conectar el empate y todo recae en Luis Flores que siente la presión de ser el héroe de la noche.

Tres bolas y dos strikes, un lanzamiento define el partido y la serie. El bateador sabe que es su momento de darle otra alegría a los niños, jóvenes, y adultos que cada 15 días asisten al inmueble a poner el color, alegría y brindan su apoyo incondicional al actual campeón de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB).

En muchas disciplinas deportivas los espectadores, por lo menos en México, alientan, chiflan, critican a los árbitros e insultan a los rivales. Sin embargo, al aficionado al béisbol es más que ir animar a su equipo favorito al estadio y disfrutar un espectáculo deportivo.

Los fanáticos del Fray Nano van a bailar con la música tropical que los hace levantar de su asiento y mostrar tus mejores pasos. Conviven con los amigos del trabajo, del colegio o con el tocayo que conocieron en un partido de los Diablos hace años. Crean lazos familiares que van a recordar  las fotos y videos tomados con las cámaras. Compiten por esas pelotas que van a la tribuna, aunque se les caigan las papas al suelo y recibas el reclamo de la grada por no atrapar la esférica. Van al béisbol para ser unos verdaderos diablos.

        “La tradición evoluciona”,  es la frase que repite constantemente el sonido local. En efecto, algunos aficionados conservan el ejercicio de escuchar el partido por la radio de pilas y otros prefieren seguir las estadísticas de los jugadores en sus smartphone. Mientras los más veteranos en las gradas llevan las banderas, las matracas y las trompetas para animar al equipo, los jóvenes gozan de las bebidas, botanas, platican y bromean entre ellos.  Los niños sólo buscan saludar al perro más diabólico: Rocco.

 

        Segundo partido de la serie contra los Olmecas de Tabasco, de camisa amarillo y pantalón gris, a pesar de no ser los líderes de la zona sur de la LMB le han provocado problemas al conjunto escarlata. En el primer encuentro los espectadores disfrutaron de un carnaval de carreras por parte de los dos conjuntos y al final fue victoria para la visita. 

Los jardineros y los que están en las bases evitan a toda costa cualquier amenaza de carrera con atrapadas a mano cambiada que ni un portero de futbol hace. Los pitchers lanzan rafagas que en ocasiones no logra presenciar la vista humana y deja a los bateadores sin oportunidad. El cero en la pizarra se acaba cuando Karim García conecta un home run por el jardín izquierdo y coloca el 3-0 en el marcador. Las silbatinas, insultos y lamentos son el ruido que hacen los aficionados mientras García corre por cada una de las colchonetas del diamante de juego como si estuviera en autopista libre.

 

En la derrota el aficionado sabe que se acabó la fiesta y la relajación, su equipo los necesita y deben alentar hasta el último instante. El chiquitibum, el sí se puede y el “Diablo, Diablos” son los cantos de guerra para impedir otra derrota contra los Olmecas en el Fray Nano. Sin embargo, pasa la baja de la sexta, la séptima, la octava y los fanáticos no reciben más  que desilusión por cada lanzamiento que se ejecuta.

“Ven, ven, ven vamos a Tabasco que Tabasco es un edén”, es la melodía que cantan algunos tabasqueños al ritmo de las guitarras, tambores y trompetas; como un himno de alegría por la victoria. La afición escarlata parece apagada, pero aún con la esperanza de sus diablos “hagan lo imposible” por empatar el juego. Sólo bastaron un out y dos batazos bien conectados para despertarlos. Ahora los silenciosos son los tabasqueños que no pueden creer que en unos cuantos minutos se les puede ir el partido de las manos.

Luis Flores, el penúltimo en la lista de bateo, tiene la responsabilidad de no cometer un error. Es inteligente, aguanta los primeros tres lanzamientos y consigue tres bolas. El sonido local pide ruido para desconcentrar al pitcher Luis Ayala, toda la afición se une al escándalo de las bosinas para conseguir la cuarta bola, pero Flores otros planes en mente. Cuarto lanzamiento, stick; quinto, logra conectar pero para foul, segundo stick;  último lance y “lo imposible” jamás llegó.

 

Los pocos tabasqueños que fueron al “Fray Nano” elevan sus sombreros al cielo, mientras los escarlatas aplaude el esfuerzo de su equipo, aunque decepcionados. En el béisbol como en todos los deportes hay revanchas y al día siguiente las carreras que no llegaron en el segundo juego se hicieron presentes en el 11-3 a favor de los Diablos Rojos de México.

Fiesta si ganan los Diablos

El Fray Nano, con su capacidad para más de cinco mil espectadores, lleva cuatro meses siendo la casa de los Diablos Rojos de México y en ese tiempo empiezan hacer una tradición que los fines de semana sean el mejor pretexto para a llevar amigos, familiares y conocidos para ver al equipo de la capital del país. Es el mejor momento para demostrar que ir al béisbol es convivir con todos la grada, sacar los mejores pasos baile y relajarse con una cerveza fría. Sobre todo si los precios son accesibles que permite comprar boletos desde 50 hasta 150 pesos.

Durante las tres horas, o más, del juego es inevitable que el aficionado no se entusiasme a bailar con canciones como 17 años de los Ángeles Azules, Sergio ‘El Bailador’ de Bronco y El sirenito de Rigo Tovar, quien por unos momentos camina por los pasillos del estadio para saludar a los fanáticos escarlatas.

 

Si van ganando los Diablos, la alegría en las gradas jamás acabará,  incluso los niños se vuelven parte del ambiente cuando imitan a la perfección los pasos de la mascota del equipo, a tal grado de ser nombrados como “los futuros Rocco”. Si un pequeño de 8 años decide bailar nunca le faltará pareja . La señora de la ‘chelas’ tampoco está a salvo de los fines de semana tropicales, siempre habrá un fanático que la saque a la pista de baile.

Ni el intenso calor de un domingo al mediodía impiden que los de la tercera edad demuestren su condición física para bailar y disfrutar de la tradición beisbolera. Son los que más gritan, insultan, reclaman, los que se lamentan con las derrotas y los disfrutan la victoria. Es tal su energía que son capaces de cansar a los integrantes de Los Mochis de Sinaloa y los Leones de Yucatán de la Liga Juvenil Anáhuac de Béisbol con el ritmo de la Zorba griega.

        Ese fervor puede seguir por días y más cuando son victorias consecutivas como el 11-3 sobre Tabasco, además del  6-4 y 8-4 sobre los Rojos del Águila de Veracruz. La fiesta se calma cuando los Diablos están abajo en la pizarra o se acerca la novena entrada sin ventaja para nadie.

 

        Algunos piensan que en el béisbol hay empate después de nueve entradas, se retiran como si fuera un decepcionante empate de la Selección Mexicana de Futbol. Sólo los más valientes pronuncian y aplauden “Diablos, Diablos” hasta decidir al ganador del partido. La novena entrada pasa limpia y la décima sin pena ni gloria para ambos. La undécima entrada las Águilas volaron en el marcador y consiguieron el  7-5 final en la pizarra.

        “No se puede ganar todo”, se alcanza a escuchar entre la gente que sale del Fray Nano rumbo a sus autos o al metro Mixhuca cabizbajos por la derrota. Sin embargo, saben que en 15 días regresará la fiesta, la música, la convivencia, la relajación y el apoyo incondicional al equipo. Seguirá siendo así hasta que el ampayer, cante el último out de la temporada para los Diablos Rojos de México.

       

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