La mano es su raqueta y un puente su cancha

 

Texto y fotos: Vladimir Fernández Velázquez

 

Para practicar un deporte en la calle en ocasiones es necesario un par de instrumentos. En el fútbol un par de piedras y un balón, o un objeto que se pueda patear, es suficiente para sentirse en un campo verde. En el béisbol sólo es cuestión de buscar tres puntos fijos a la misma distancia que permitan ser la base para los bateadores. Pero jugar frontón sólo es necesario una pelota y una pared lo suficientemente grande, como las columnas de un puente, para practicar este deporte.

A unos cuantos minutos de la estación del metro Pantitlán en la delegación Venustiano Carranza, un grupo de jóvenes de entre 18 y 26  años de edad se reúnen todas las tardes para pasar un rato agradable a lado de conocidos, amigos y una pelota de tenis. Aún si en el calor más intenso y mientras el terreno no esté mojado o maltratado ellos se juntan para jugar frontón.

Aunque sean pocos los que transitan, los vecinos de la zona no pierden la oportunidad de observar a estos jóvenes mostrando que el frontón es un deporte en el que golpear la pelota tiene su fino arte, hacerlo con la palma abierta o cerrada puede determinar quién pagará las cervezas después del partido.      

Cesar, ‘Rocko’ y el Pancho son los más habilidosos del lugar, pueden jugar en parejas o entre ellos y nadie los detiene por varias horas. La seriedad llega cuando hay algo de por medio en la partida, la forma de demostrarlo es remangarse la camisa o quitarse la estorbosa playera que les impide dar lo máximo y exhibir los tatuajes dibujados en su abdomen.

A ellos no les importa su vestimenta, pueden tener la playera o los pantalones de mezclilla con agujeros, el cinturón mal puesto y sus boxers a la vista de los peatones. Algunos más precavidos acostumbran usar la gorra que los protege de la intensidad del calor y unos guantes para soportar el constante golpeo de la pelota con la mano, pero a nadie les faltan los Convers o los Nike, tenis oficiales de estos jóvenes.

Mientras Cesar, ‘Rocko’ o ‘Pancho’ estén en el campo la espera puede ser larga para los que están sentados en la jardinera o las bancas cercanas al campo de juego. Algunos pasan el tiempo observando con detenimiento el rebote de la pelota en la pared, unos cuantos platican sobre “¿Cómo estuvo la fiesta del fin?”, “No manches, asaltaron a mi carnala aquí en el metro”, y de otros rumores o anécdotas de la colonia. Otros prefieren  preparar y fumar ‘el churro’ de marihuana para obtener algo de inspiración cuando sea su turno.

Lo más fastidioso para ellos quizás no sea fallar su golpeo, por más groserías y lamentos que hagan. Tampoco es reclamar un punto válido a pesar que la pelota alcanzó a ‘chillar’ la línea amarilla de la gran pared verde. Su molestia más grande es tener que ir por la pelota a la peligrosa avenida Pantitlán donde los microbuses, las ‘combis’ y los autos van a altas velocidades y no existe lo posibilidad de detenerse para que ellos recojan su pelota. Nunca falta el tiro desviado y elevado que golpea el parabrisas de un automóvil y se lleve muy lejos la esférica verde o se vaya a los andenes de la línea cinco del metro, para ese tipo de casos tienen una o dos pelotas de repuesto.

Las minutos pasan y siguen ahí, son las cinco de la tarde y no se les nota la fatiga, se mueven de un lado a otro al ritmo de la pelota, sólo son detenidos por algún tiro fuera de la pared, que la pelota bote en el puente o en los incómodos cables de las lámparas que iluminan la zona y que llegan a ser un punto clave para los asaltos en las noches y para los vagabundos, que esperan que los jóvenes se vayan para dormir tranquilamente en las columnas del puente.

A unos metros, se encuentra un centro deportivo, sin embargo jugar en las canchas de frontón cuesta 30 pesos por persona, de diez de la mañana a seis de la tarde, a pesar de estar en condiciones para practicar este deporte sólo los fines de semana están habitadas. Por eso César Martínez de 26 años, que lleva más de 10 años jugando, señala que prefiere “estar aquí, que en las canchas de la deportiva porque así no gastamos ni un ‘varo’ por jugar, sólo le ponemos el cigarro o nos cooperamos para la ‘chela’”.

Respeto, es quizás el valor que más representa a estos jugadores de frontón, respetan el paso de las personas que constantemente tiene que cruzar la cancha de juego para llegar a sus hogares o al metro. Las cosas que dejan en las jardineras ni se tocan, más si son de compañeros que no conocen, pero que pidieron la reta. Sin embargo, olvidan el respeto cuando ven a una mujer atractiva e incluso detienen el juego y le dedican unos chiflidos, aun si la mujer está acompañada por su novio.

El final del frontón llega igual que un reta de fútbol: cuando el dueño de la pelota se va; cuando la última esférica se pierde, se vuela a una casa o se la lleva un carro. O bien cuando el cansancio impide continuar, para después darle paso a las cervezas o los jugos que se ganaron durante el día agotador, que les dejó tener una convivencia con los amigos y ¿Por qué no? un momento de relajación con un ‘churrito’ de marihuana.

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