El partido del año

Por José Manuel Chino Cisneros

Fotos: futbollanero.blogspot.com

Dinamo logró un empate a 2 goles, un domingo cualquiera en uno de los tantos campos que hay en el Distrito Federal y el Estado de México. El duelo no era el definitorio para pasar a finales, tampoco se jugaba alguna copa o trofeo; lo que estaba en juego era el honor. Su rival, el Barcelona, antiguos compañeros de equipo que decidieron formar otro club.

La brisa y la humedad matutina se respiran en el ambiente, el aroma a pasto y a tierra mojada llama a los jugadores a hacer sus ejercicios de calentamiento, aunque no hay certeza de que se vaya a jugar el partido, han llegado sólo seis integrantes,

—¡De los otros ya son como nueve!—dice “el memín”, lateral izquierdo, como él se denomina. Uno de los jugadores con más talento en la liga.

El séptimo y el octavo integrante se vislumbran a lo lejos, —¡aparte de que llegan tarde, todavía vienen con sus pinches calmas!­— exclama Porfirio, el Director Técnico; el árbitro, o “álbitro”, como le llaman aquí, ha pitado para que se presenten los jugadores en el campo.

Por fin inicia el partido, once contra once, llegaron tarde pero las ganas las traen, sólo hace falta ver con qué desesperación corren tras el balón. La intensidad a tope, empujones y patadas.

Las y los acompañantes, que tendrían que cumplir la función de porra, aprovechan: ellos para saborear una “caguama”; ellas para actualizarse en cuanto a información marital se refiere; mientras, a lo lejos, se oyen los: ¡guey, aquí! o los ¡no ma…!

Para el medio tiempo todo es exaltación e intensidad, van empatados a un gol, pero el Dinamo sabe que tiene el triunfo en la bolsa, han llegado más veces a la portería rival, únicamente falta meterla. Se discute la estrategia en medio de gritos e insultos, Porfirio, platica con su asistente, que es su hermano, sobre los cambios que hay que hacer en el juego, pero además, les recuerda a los jugadores que hay que pagar el arbitraje, asunto importante que se tiene que cumplir.

Inicia el segundo tiempo. El sol empieza a minar en el rendimiento de los jugadores, se puede respirar la humedad del campo y los rayos broncean los rostros y los brazos, tanto de jugadores como de acompañantes.

Se acerca el final la intensidad va en aumento, se lucha con lo que resta de energía todos los balones, se barre con fuerza, no importa que el rival esté de por medio. La defensa se apega a la filosofía futbolística:“hombre o balón”, sólo pasará uno, nunca los dos.

Cae el empate, termina el partido: caras bajas, serias, ceños fruncidos, nadie se habla, pero no faltan las mentadas de madre al árbitro, desde dentro y fuera de la cancha

Finalmente la porra si cumple…Nadie insulta mejor que ellos.

En la ciudad, el futbol es el deporte de mayor popularidad, el que más se practica y el que se ve en la mayoría de las pantallas de los hogares. Si la sociedad tuviera una catarsis, sería por este deporte. Pero cumple también la función de hacer soñar al mexicano, un día a la semana, lo saca de la realidad y transporta a un sueño incumplido.

Por 90 minutos, los jugadores se convierten en sus propios ídolos, aquí se juega por el gusto y por el amor al futbol, nadie recibirá un pago, no se harán anuncios con sus fotografías y no se tendrán que firmar autógrafos afuera del campo, simplemente se jugará por la victoria del equipo.5

Gente en la conversación

  • Invitado - visiete

    Sin duda es el deporte con más práctica en nuestro país, el más inculcado y el más seguido, sólo basta dedicar un poco de tiempo para como bien lo menciona el artículo ser el ídolo propio, sea el deporte que sea falta fomentar mucho la práctica de alguno, y en el futbol en especial, buscar la manera de disminuir la violencia generada por la porras, que dato curioso se da con demasiada frecuencia en el futbol.