FUTBOL REPRE 97

Por José Manuel Chino Cisneros

Fotos: ©2015 José Chino

Domingo 19 de abril. La cita es al medio día, la jornada deportiva del día decretaba que en el Estadio Olímpico se enfrentarían Pumas de Universidad frente a Santos de La Laguna; en las inmediaciones del complejo se vivía un ambiente de fiesta, miles de playeras con el logo de pumas se movían como hormigas rumbo a su colonia. Tanta era la intensidad que a kilómetros de distancia se podían escuchar los cantos y las porras. El “cómo no te voy a querer, cómo no te voy a querer…” se distinguía por sobre otro sonido; al mismo tiempo que miles de sueños conjuntados se cumplían al unísono: ver ganar a su equipo.

Sin embargo, en una vida alterna, donde los sueños no se depositan en los pies ajenos sino en los propios, la disciplina y esfuerzo apremian: los otros Pumas, los de la liga de futbol Promotora Deportiva Metropolitana de Fuerzas Básicas y Filiales, A. C. (Prodemet), jugaban.

Alejados de los reflectores de las cámaras y sin grupos de animación cantándoles, el equipo de UNAM Repre 97, se enfrenta al equipo de Deportivo Tolcayuca de Morelos, en el campo no. 1 de Ciudad Universitaria.

Los jóvenes de entre 18 y 19 años se entregan al partido como si fuera el último: aquí no existe el engaño, el tirarse y fingir, el tratar de engañar al árbitro; cada jugada se disputa con intensidad y con lealtad, el ánimo y el gusto por el deporte están por encima de todo.

De entre el ruido que emana del estadio Olímpico Universitario, apenas se escuchan las porras de los padres, personas que apoyan a sus hijos para que logren cumplir sus metas y sueños. Aunque están fuera del campo de juego, la energía se transporta hasta cada uno de los jóvenes jugadores. Ellos, los padres, tienen que resignarse a verlo desde la calle, afuera del complejo, cual paparazzis espiando a sus jugadores, incitándolos, animándolos, apoyándolos.

Las instalaciones, al igual que los jugadores, son de primer nivel. Para los segundos, la práctica de este deporte es parte fundamental de su vida, conscientes de las circunstancias que hay en el manejo de los profesionales en el país, su pensamiento es claro: “…es difícil poder llegar a las fuerza básicas de los equipos”. El dinero y los contactos determinan quien va a los equipos profesionales, nunca el talento: “…yo he hecho algunas pruebas para equipos, pero es muy difícil quedarse si no tienes contactos o dinero”. Los comentarios de estos jóvenes mexicanos talentosos.

Para estos futbolistas, no se trata de otro juego del día domingo con los amigos de la colonia. Se entrena duro, 4 días a la semana: fuerza, condición física, interescuadras, y todo para conseguir la titularidad. Aunque, no todo es futbol, la vida académica convive con la deportiva, se requiere de excelencia en todo: buenas calificaciones y buenos jugadores. El futuro del país está garantizado, ya sea como futbolistas o como profesionales.

Cuando uno habla del futbol mexicano profesional, se pueden recurrir a varios temas, pero hay algo que lo caracteriza: nivel bajo; se recurren a marrullerías para engañar, tanto al árbitro como al rival; pocos jugadores representan con orgullo la camiseta de sus clubes; los intereses económicos superan a los deportivos; entre otras más. Y cuando las frustraciones se van acumulando torneo tras torneo, la esperanza de ver excelente futbol se pierde, de ver triunfar a los equipos mexicanos en torneos internacionales se anula; se abre un resquicio por donde entra la luz.

Si los aficionados tuviéramos acceso a los juegos que estos muchachos futbolistas elaboran, todo lo anterior se desvanecería.

 ¿Por qué las fuerzas básicas de los equipos profesionales no voltean hacia los campos de futbol juvenil? ¿Por qué, habiendo tanta materia prima de muy buena calidad, se desperdician recursos? ¿Qué tiene que pasar para dar continuidad a tantos “craks” en bruto?

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