Té de Luna

Por Martín Castelán Castro

Ella era muy ella. Era como su nombre suena. ¿A qué suena, Elisa?
Ojos grandes con un instante de noche atrapado en la mirada. Cabello negro y lacio como de café derramado. Callada y delgada como llovizna. Elisa. Elisa. Siempre presa fácil de sutiles nostalgias o tristezas devastadoras. Elisa.

Elisa desde los trece años toma té de luna. La tía Guadalupe se lo dio a beber luego de que Elisa había pasado cuatro días en cama, sin habla, sin hambre y durmiendo un sueño de ojos abiertos. Cuatro días, en los que sin parpadear, observaba el aspecto de Venus y Saturno y el traslado lento de Urano. Desde entonces, los jueves de cada semana, Elisa prepara dos litros de té de luna con la misma sabiduría  y el mismo sosiego con el que su tía lo hacía para sanarla.
 -Dime,  Elisa, ¿ahora cómo están tu alma y tu corazón?

Llega muy temprano al mercado, y bajo la misma vieja y delgada sombra de la Jacaranda de siempre, además de guarecerse de la voracidad de las calles, se pone a esperar calmosamente a que llegue doña Crisanta y sobre el piso extienda la manta rotosa que usa desde que Elisa era niña para acomodar religiosamente los manojos de hierbas.


No usan las palabras. Elisa sólo se acerca. Crisanta le entrega enrolladas las tiras de té de limón.  Elisa le da las monedas. Se miran,  y en segundos y en silencio sus almas se dicen y se cuentan montones de cosas de sus vidas pasadas.

TÉ DE LUNA

- Hojas de té de limón
- Leche condensada 1 taza
- Leche evaporada 1 taza
- Hojas de menta
- Jengibre
- Mejorana fresca
- Canela

Hacer una infusión con las varas de té de limón en un litro y medio de agua. Colar. En otro recipiente (exclusivo para el té de luna), verter la infusión y las leches. Agregar el resto de los ingredientes. Es importante mencionar que las cantidades de los ingredientes se determinan según las intenciones de quien lo prepara. Partiendo de que todo puede iniciar en porciones iguales, y de ahí, inclinarnos hacia uno u otro ingrediente.

El té de Luna sólo se bebe por las noches. Si se quiere atenuar un dolor, se bebe caliente y sorbiendo poco a poco besando delicadamente el canto de la taza. Pero si queremos que un dolor nos duela más, hay que tomarlo tibio y a cucharadas.

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Gente en la conversación

  • Hola, quisiera saber quién es Martín Castelán Castro, la persona que escribió este artículo, y de qué forma me comunico con él.
    Gracias.