EL LIBRO SALVAJE

Por José Manuel Chino Cisneros

‒ ¡Mamá!, tienes que comprarme un libro.

La tarea para las vacaciones de Semana Santa consistía en eso: leer un libro. La maestra les pidió a todos sus alumnos que compraran uno y lo leyeran.

Así que mamá de José y José mismo fueron a la librería más cercana de su casa, a esa que está dentro del centro comercial, y de paso aprovechar la visita a la plaza para realizar otras compras necesarias: ropa, accesorios, etc.

Una vez frente al local de la famosa librería, en las vitrinas se leen muchos títulos, tantos que hasta da flojera quedarse en ella, piensa Juan con decepción, pero la tarea es importante. Él debe comprar un libro y leerlo, después hacer una reseña y entregar el control de lectura con libro en mano, ese fue el requisito que puso la maestra para otorgar calificación. Así que madre e hijo visitan el local con recelo, medio extraviados buscando algún título a la mitad de tanto mueble, anuncio y estantes.

‒ Buenas tardes, ¿le puedo ayudar en algo?

‒ Buenas tardes, estamos buscando un libro… para niños.

‒ Sígame por favor.

El joven encargado de atenderlos los lleva a la sección de infantil y juvenil, mientras caminan, José voltea a todos lados con las manos en los bolsillos, la mirada al suelo y los hombros levantados, su carácter extrovertido característico en el salón de clases ha desaparecido, dentro de la librería, quien lo vea y no lo conozca, parece en un chico tímido, temeroso e incluso, retraído.

El joven vendedor se detiene de golpe, voltea a ver a José mientras estudia su fisonomía, se pregunta qué tipo de lectura puede recomendar, así que empieza la labor:

‒ Hey amigo, ¿qué tipo de libros te gustan?

Pregunta el vendedor.

‒ ¡No sé! La verdad no leo mucho.

Contesta José apenado, piensa que dentro de las librerías todas las personas son grandes lectoras y se siente tonto al decir que él no lee.

‒ No te preocupes­‒. Dice el vendedor con un ademan de inocencia tratando de calmar al niño. Su labor es vender, no incomodar a los clientes.

‒ ¿Te gusta ver televisión, qué es lo que ves?

‒ Me gustan las animaciones y los programas de aventura, también los videojuegos.

‒ ¡Excelente! ¿Qué videojuegos te gustan?

‒ Los de aventura, los de acción.

El vendedor baja la mirada, tuerce la boca mientras piensa, saltan a la mente varios títulos y la sonrisa anuncia un ganador, camina al siguiente pasillo y se detienen en una columna formada por varios libros del mismo título: El Libro Salvaje.

‒ Mira, este libro está muy bueno. Dice el vendedor

El niño mira la tapa del libro y analiza la ilustración: un libro vuela sobre unos estantes, se deja ver un gato y dos siluetas en el fondo.

José lee la sinopsis y descubre que la historia trata de un joven que se va de vacaciones con un tío bibliófilo y que Juan, el protagonista, deberá encontrar El libro salvaje, que se niega a ser leído y se oculta dentro de la gran biblioteca que el tío Tito tiene.

­‒ Pues ya me llevo éste ‒ dice José a su mamá. Ella lo mira mientras menea la cabeza, asiente y autoriza la venta al vendedor. Paga con desgano.

A lo largo de sus veintiún capítulos que conforman las 232 páginas, Juan Villoro nos narra un cuento que hace que nos identifiquemos con el joven protagonista. Si bien el texto está construido de manera que la lectura se hace ágil y sencilla, para un público joven, los demás disfrutaremos de la historia, los personajes, el contexto y las reflexiones que nos regala el autor.

Al parecer, los grandes lectores de la historia que nos narra Juan Villoro en El libro salvaje salen a la realidad: los libros, en cierto modo, buscan a su lector y cada uno de nosotros lee una historia diferente, influenciados por nuestro bagaje cultural, interpretamos los textos de acuerdo a nuestra forma de ser.

¿Cuál será el próximo libro que nos atrape, qué libro nos elegirá en el futuro?

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