Un siglo manchado de caracteres: la lectura en la era digital

Por Alberto R. León

@_mrleon

Cuando pensamos en el futuro de la literatura, en qué estamos pensando realmente. Desde hace poco más de diez años, la adopción del libro electrónico marcó un cambio irreversible en las formas de producción, edición y recepción de muchos tipos de escritura; naturalmente, la literatura se enmarca en este cambio.

Las visiones pesimistas y optimistas respecto al futuro del quehacer literario no se hicieron esperar, desde los mesiánicos tecnócratas que ven en el desplazamiento del ente material del libro como un símbolo del progreso y el avance de la humanidad y las letras, hasta los terroristas ultraconservadores que defienden cada página de papel porque huele bonito y se puede tocar.

En un artículo de Mariana Fossatti se han expuesto la visión de Ricardo Piglia y Hernán Casciari, quienes desde dos ópticas aparentemente diferentes, aportan agudos puntos que nos dan un horizonte sobre el estadio actual de la literatura, los libros y, la parte más importante, los lectores.

        No daré ningún resumen del artículo de Fossatti, sin embargo rescataré el nodo coincidente de los escritores argentinos: la capacidad inmersiva de lectura, que proporciona, de alguna manera, la literariedad a un texto. Sin duda, ambos escritores dan por hecho que el futuro de la literatura no está en los libros, sino en su forma de leerla.

        Sobra decir que para un escritor como Casciari, con una experiencia de escritura en plataformas digitales, su visión es un tanto pesimista, y no es que no apoye la visión positiva de Piglia, es que sin duda Casciari tiene mucha mayor objetividad en su punto, la falta de profundidad y de inmersión literaria es evidente en un mundo que padece de sobreinformación.

Franco Berardi describe en su libro La generación post-alpha cómo el cognitariado (trabajadores del conocimiento) se encuentra sometido a “nuevos” medios narrativos que constituyen al semiocapitalismo, es decir el consumo de signos, mismos que son consumidos  en videos, imágenes y, por supuesto, “nuevas” formas de escritura y significación, por ejemplo los tuits y los memes. Es evidente que este cognitariado está compuesto no sólo de inteligencia, sino de personas que dominan los lenguajes computacionales y códigos semiocapitalistas, son entonces aquellas personas capaces de operarlos de una manera física y que, desde luego, esperan una remuneración que puede ser monetaria o afectiva, pero siempre en capital.

        Pienso en estudiantes, trabajadores de call centers, oficinistas, escritores, youtubers, tuitstars y muchas personas que tienen acceso a medios y dispositivos que nos permiten trabajar desde la comodidad de un asiento y, por supuesto, sometidos al teléfono celular, los micrófonos y las cámaras. Así pues, la brecha digital es de suma importancia, ya que de esta determinará nuestra función en el cognitariado. Podemos ser capaces, por ejemplo de hacer uso básico de un smartphone, lo cual no es garantía de controlarlo o explotarlo; por el contrario, un trabajador del conocimiento que sea capaz de dominar redes no necesariamente entiende el proceso cognitivo que lleva a cabo.

        ¿Esto que tiene qué ver con la literatura y la lectura? A eso pasaremos. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, Schiller denominó su tiempo como “el siglo manchado de tinta”, ya que hasta ese entonces no se había escrito ni leído tanto como en el escenario preromantico europeo, lo que constituyó desde luego una amenaza para los poderes aristocráticos, pues la lectura y la escritura hacían más difícil el control creativo e ideológico de las personas.

        Hoy esto no es más que un simple chascarrillo e historia. En un mundo de “acceso” a las nuevas tecnologías, los imagólogos (oh, Kundera) se han hecho de las huestes del cognitariado, el desarrollo de “nuevas” escrituras y medios para su lectura, propiciaron que su masificación fuese el medio idóneo de la desinformación y la simulación.

        Una persona que lee aproximadamente 200 tuits está leyendo 28 mil caracteres (en promedio), sin contar post de Facebook, artículos de interés, comentarios en páginas y otras formas de lectura como videos, memes, etcétera. Entonces, ¿qué de ello puede ser rescatable además de compartir una nota de injusticia social, qué capacidad de reflexión nos puede dejar una cadena de tuits o de mail, o existe alguna inmersión literaria o estética en ello?

        Sin duda Schiller, ni en sus más salvajes sueños hubiese imaginado este “siglo manchado de caracteres”.

Que este ejemplo nos sirva, pues, para tomar las formas de leer a las que se refiere Casciari, una lectura dispersa, descomprometida, lejana a la inmersión, es el escenario actual de la escritura en medios digitales. Una lectura que es la que generalmente encontraremos.

        Naturalmente, las narrativas se han modificado y adaptado a nuestra era post-alpha, así pues, tenemos la saga completa de Harry Potter en siete películas y vamos al corriente con Games of Thrones en la teleserie de HBO, pero ¡oh sorpresa!, resulta que a pesar de que existen las versiones visuales, forman parte de los libros más vendidos. Entonces, ¿el libro y la lectura andaban en colapso? ¿Por qué aún con la voracidad de Amazon y la piratería digital parte de la industria editorial sigue en pie? ¿Es entonces que tanto Ciascari como Piglia aún están en el juego del progreso, del futuro, de la utopía y de la distopía como relatos oficiales?

Ni el libro se va a acabar, ni las formas de lectura han cambiado en su esencia. Una forma no excluye a la otra, leemos libros, periódicos, ebooks y videos, programas, juegos de video, códigos de computadoras; siguen existiendo escritores que buscan dotar de literariedad sus productos, existe autoedición, ediciones artesanales que rayan el fetichismo, media art, digital poetry y también, por qué no mencionarlo, los malos libros.

 

Sin embargo quienes han cambiado han sido los lectores, ya que estos han adquirido herramientas de lectura más grandes, capacidad de análisis multimediales que dotan con otra óptica un juicio y que cada forma de lectura posible es complementaria, no excluyente. El lector se ha hecho un lector heterogéneo, un heterolector.

        A pesar de lo anterior, podemos entonces decir que hoy en día la gente lee y escribe, pero qué y cómo lee y escribe. Por supuesto que para formar parte del cognitariado las competencias básicas es leer, escribir y manipular aparatos, además de tener conocimientos sociotécnicos. Tal como anteriormente la gente tenía que sembrar, manipular un molino, forjar hierro o arar la tierra. La irrupción de nuevas tecnologías no es una garantía de inmersión literaria, pero sí lo es de una irrupción y la apropiación de artistas que puedan dotar a estos medios de literariedad y valores estéticos.

        En una opinión personal, aún son minoría los lectores y escritores. El hecho de que alguien tenga los conocimientos y las habilidades básicas de comunicación no lo hace propiamente alguien que pueda tener una inmersión estética. Entonces el problema aquí es otro, uno de raíces más profundas. ¿El problema es de carácter de políticas públicas, de calidad en servicios de educación y derechos? ¿De usos culturales y de costumbres tecnológicas?

Me parece que la discusión no es si la literatura y el libro van a desaparecer, porque se ha visto que estos son capaces de resistir y pueden permanecer al menos un buen rato, mientras la comunidad lectora así lo decida. La cuestión, creo, es cómo integrar a esta generación alfabetizada, que cuenta con las herramientas los elementos para decodificar múltiples lenguajes, a situaciones estéticas y literarias en los diferentes soportes literarios. Una pregunta aún más perturbadora: ¿realmente nos interesa que esta situación cambie?

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Un siglo manchado de caracteres: la lectura en la era digital por Alberto R. León se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

Gente en la conversación

  • Twitter no lo uso...facebook un poco mas...aunque es cierto que la mayoria esta metido en sus telefonos, computadoras y tablets...pero es porque estamos en la era de la tecnologia, donde es mas facil descargarse un PDF que comprar una obra literaria, mas barato y menos esfuerzo, personalmente me gusta mas hojear las paginas que deslumbrarme con el pantallazo del celular, pero hay titulos que son muy dificiles de encontrar o que no tienen una traduccion decente...como fuere el punto es que no creo que desaparesca, ya que hay mucha gente que aun tenemos el buen habito de la lectura y si cambia solo sera para integrarse a los nuevos medios electronicos...saludos y buen tema