Pequeño Texcoco

 

Por Cristóbal Omar Perales

Hace ya algún tiempo que dejé de ser un carialegre despreocupado, aquellos días quedan sólo en mis recuerdos y en las fotografías color sepia que mis padres atesoraban en aquél álbum de fotos que aún se defiende contra el paso del tiempo. Muchos de esos momentos son evocados por ese vetusto libro de retratos y por la memoria saludable que posee mi hermana mayor; ella tiene la capacidad de recordar con santo y seña la primera vez que yo pisé una escuela para ir a estudiar y cómo me aferraba a la reja que separa a los niños grandes —cómo ellos mismos se nombran por el hecho de asistir a estudiar— y los chicos, que igual que yo, lloran desconsolados para que sus mamitas no los abandonen en aquellos lugares.

También es capaz de recordar todos los paseos dominicales que hicimos con mis padres, algunos de los cuales no recuerdo nada. Pero, como parte de mi acervo intacto de memorias, hay una salida que realizamos a los Baños de Nezahualcóyotl, lo recuerdo bien porque fue el día en que mi madre ya no quiso continuar caminando por aquella subida pedregosa y nos pidió que nosotros siguiéramos rumbo al lado seco del cerro, mientras ella volvía por el lado más verde que llega a Tlaminca, para comenzar a preparar el almuerzo.

De aquella visita tengo grabado en la memoria una especie de pocito que se encontraba custodiado por tres esculturas en forma de rana, recuerdo haberlas visto y haber jugado ahí.

El último sábado del mes de abril se realizó una visita nocturna a los Baños de Nezahualcóyotl, como comúnmente se le conoce al área arqueológica ubicada en el cerro del Tezcutzingo; dentro de la Jornada Cultural Nezahualcóyotl dedicada al 613 aniversario del nacimiento del Rey Poeta.

Este recorrido fue guiado por el arqueólogo Gustavo Coronel; ahí me enteré, entre otras cosas, que las tres ranitas que yo vi cuando niño ya no se encuentran en aquel sitio, en seguida pensé que alguna mala persona las había hurtado o algo parecido pero, también me enteré que la gente cuenta que las tres ranitas sólo pueden ser vistas por los niños ayudados por los ahuaques o charritos, espíritus que cuidan el agua y los manantiales. Menos mal, comenzaba a sentirme traicionado por mi memoria.

La zona Arqueológica se encuentra ubicada en San Nicolás Tlaminca, en el municipio de Texcoco, Estado de México.

Gente en la conversación

  • Invitado - Magg

    De las tantas veces que he visitado el cerro, hay una ida en especial que recordare siempre. El día siguiente de la muerte de mi abuelita, fuimos al cerro con la firme intención de encontrar en algunos de los poemas que están escritos de Netzahualcoyotl un buen epitafio para su tumba, hubo varios que nos gustaron, pero ninguno se adecuo para ese momento, o al menos así lo sentí, porque ninguno de mis hermanos y papás propusieron alguno, esa visita solo fue el pretexto para distraernos, para descansar, para despedirnos de ella, cada quien en su propio mundo…

  • Invitado - Mar

    Aunque es un lugar que pocos le dan la importancia que merece, algún día fui a un recorrido maravilloso, pues nos toco un guía que hablo muchos datos interesantes del lugar, porque además ese lugar era para privilegiados, la narrativa fue tan buena, que en una parte del trayecto, mi mente comenzó a recrear cosas, fue una maravilla, ojala puedas informar de los recorridos futuros

  • saludos!

    les dejo un link de una pagina donde pueden encontrar mas información relacionada con las tres ranitas, y con otros temas del texcoco prehispánico.

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    de Mexico