Dead Fire

Por Ricardo Gutiérrez Chávez

 

Cuando en China, los estudiantes disidentes eran asesinados por el gobierno, el poeta Lu Xun (1831-1936) escribió mensajes encriptados en símbolos y figuras metafóricas. Estos mensajes fueron rescatados, entendidos y luego elevados a expresiones artísticas de seres dotados de poderes que rebasan lo ordinario, jóvenes chinos capaces de transmitir los poemas de Lu con un lenguaje distinto a los ideogramas, letras, voces o cantos: el lenguaje de la danza contemporánea.

Wang Yuanyuan directora y coreógrafa del Beijing Dance Theater descifró el código del poeta y lo ha mostrado en diversas ciudades del mundo. En la Ciudad de México, el Teatro Esperanza Iris fue el escenario que permitió a la compañía asiática mostrar tres bellas piezas de arte en movimiento: Crossing, Farewell Shadows, y Dead fire. Las dos últimas inspiradas en el texto de Lu Xun llamado Wild Grass.

En Crossing vemos un preámbulo de contención energética que los bailarines van esparciendo con fuerza y libertad a través de movimientos inspirados en el Tai Chi, este acto es una propuesta de preparación para que el público sincronice sus emociones con la música y las líneas coreográficas que cruzan las emociones de los ejecutantes con los espectadores.

Las emociones que se entrelazan, no son improvisadas, viven en cada persona involucrada en forma de recuerdos construidos en un pasado remoto que es reminiscencia de la música que llena el vacío y dirige con especial sentido los movimientos de los bailarines que se apoderan del espacio físico para imponer el reino de lo onírico como única potestad real, visible y sensible.

Farewell shadows muestra control de unos sobre otros, flexibilidad sin voluntad, dominio que subyuga las intenciones, hilos invisibles manejados por manipuladores que en lo individual y lo colectivo atrapan la manera de expresar la vida. Lu Xun hace de su prosa un poema de libertad al rescatar a los alineados de las ataduras mentales; esta posibilidad la reinterpreta la coreógrafa para mostrar que la libertad se sostiene por el empoderamiento de la esperanza que nunca se da por vencida ni aun en las circunstancias más desfavorables.

La luna llena aparece en el firmamento decorado de montañas, en una noche azul que cubre a un rebelde vestido de rojo, que no se deja controlar por la inexperta condición humana, yace en un campo de pensamientos efímeros como plumas, el piano anuncia la llegada de la tan anhelada intensidad.

No es la noche lo intenso, ella no se mueve de un lugar a otro, la intensidad es fuerza concentrada, es el leopardo corriendo tras su presa. Lo intenso no es continuo, es finito y feroz. Concentrada y contenida, la intensidad no es paciencia, ni disimulo; no hay quietud en ella. Es torrente que inunda y no se aplaca más que con la renuncia; fluye o asciende, pero una vez alterada, no se detiene ni se posterga; lo intenso reduce los espacios vacíos, suplanta y restituye, desplaza y desgasta.

La muerte del fuego es la adaptación del espíritu a la materia, es la conformidad de una realidad que no admite profundidad ni espacios alternos en realidades distintas. Es el arte coreográfico llamado Dead fire, inspirado en la Hierba Mala de un poeta chino que aun después de muerto revoluciona la mente de los rebeldes.

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